TELARAÑA DE PLOMO,
por Ana Macías. 2019

Ana Macías es periodista y está afectada por Síndrome de Fatiga Crónica o Encefalomielitis Miálgica.

TELARAÑA DE PLOMO

por Ana Macías

 

Mis ojos lamentan las madrugadas,

cuando la luz cruel impone su acción.

El mundo fuera gira de nuevo

y una telaraña de plomo me paraliza.

 

Me espera la vida, mi vida, esta vida,

encerrada en frascos, en blisters, en cajas…

Para volver luego al sofá o a la cama,

drogas imprescindibles  e inútiles, un día más,

para reposar en la  telaraña, un día más.

 

Y al levantarme, renace la heroína que fui.

Rompiendo tejidos y huesos,

arrastro mis pasos  hasta el café con pastillas,

hasta el armario de estar por casa…

 

Recuerdo haberme llamado distinto antes,

haber sido, decían, dinamita.

Ahora soy una sombra de aquella mujer,

ahora me llamarían, quizá, cansadita…

 

El agua me recorre sin ganas,

me siento a descansar mojada,

molestos los brazos en su camino

alzado hasta cabeza.

¡Qué de pelo! Los dejo caer.

Sigo hasta el final de un aseo eterno.

 

Las crónicas de lo invisible me arropan

como hicieron ayer y harán mañana.

Los nuevos leprosos encerrados,

en casa, transparentes y callados,

cubiertos por un pesado manto,

que no calienta y da escalofríos.

 

No nos ven, no nos oyen, no nos saben.

Los demás siguen en sus ruedas de hámster,

ciegos, sordos y atrapados, ellos,

por las rueditas de la misma máquina,

en otra jaula y otra condena.

 

La soledad nos acompaña más.

Nos envuelve, nos acoge, nos acuna,

fundiéndose con la red invisible,

custodiando nuestro camino parado.

 

Nos atrapa y se fija a nuestra alma,

esos días, semanas, meses…

 

Esos años inmóviles que pasamos

como momias de vendas transparentes.

Brota la enfermedad, brota la soledad.

Se alejan los hamsters que nos quieren,

obligados por sus cadenas implacables,

y los que no, no vuelven.

 

Y nos embosca la noche una última traición.

El sueño que no llega,

el sueño que no perdona,

el sueño que no descansa.

 

Un nuevo día no traerá reparación

a nuestro cuerpo ni a nuestra alma,

desgastada y triste,

todo cuesta, todo cansa, todo vence, todo mata.

 

Y por si no doliera el todo ya,

una neblina oscura se adueña  de ti,

mentalmente inmóvil, más inmóvil aún,

sin brújula, sin rumbo, sin argumentos.

 

Pero, a días, ni la niebla importa.

Sobre tu cama, tu vida se amontona,

pastillas, papeles, teléfonos, vasos…

Todo tenía su sitio antes.

Todo  se acumula ahora en tu mundo minúsculo.

 

Sólo los más cercanos comparten encierro,

ajenos a la telaraña de acero,

felices de dormir a tu lado,

comparten tu presencia, antes escasa.

 

Languidecen, mientras, las otras estancias

echándote de menos,

añorando tus manos y tus pasos

desatendidas y olvidadas desde hace tanto.

 

Y al pensar, a veces piensas

que llegarán antes la vida, el placer, los amores..

Que otras heroínas, o héroes quizá,

ondeando en la lucha sus  batas blancas,

vencerán desde el porqué

con sus  saberes y sus curas por bandera.

Al pensar, a veces  piensas,

que alejarán a la  enemiga peor que nunca falta a su cita.